Muere el actor Harry Dean Stanton a los 91 años

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Sus brazos estaban ardiendo, se lanzó fuera y rodó sobre el suelo mojado. Luego corrió. Nunca miró atrás hacia el fuego. Solo corrió. Corrió hasta que el Sol salió, y no pudo correr más. Cuando el Sol se ocultó, corrió otra vez. Durante cinco días corrió así, hasta que todo signo humano desapareció”.

Harry Dean Stanton ha fallecido y con su muerte no solo se apaga la vida de un actor con más de seis décadas de carrera, sino también una manera de encarar los personajes desvalidos, de mostrar en el cine la quintaesencia del estadounidense, de transmitir un dolor al espectador como muy pocos lo han logrado en pantalla. Se va un compañero de aventuras de Martin Scorsese, de Sam Peckinpah y Sam Shepard, se va el hermano artístico de David Lynch, el amigo de Bob Dylan y Jack Nicholson… Pero sobre todo desaparece el hombre que dio vida a Travis, protagonista de París, Texas, de Wim Wenders, la película sobre la desolación amorosa a la que pertenecen las frases anteriores, y una de las obras maestras por las que algunos amamos el cine.

Harry Dean Stanton murió el viernes en Los Ángeles a los 91 años, terminada justo la emisión de la tercera temporada de Twin Peaks, y cuando empezaba la promoción de Lucky, el filme dirigido por otro gran actor, John Carroll Lynch, que podía llevarle hacia su merecido, aunque según sus palabras poco ansiado, Oscar. En el documental Harry Dean Stanton: Partly Fiction (2012), sobre la carrera de un intérprete admirado y querido, que para muchos devino en epítome de lo cool, David Lynch preguntó a Stanton cómo le gustaría que fuera recordado.

“Me da igual”, respondía. Como decía Sam Shepard, autor del guion de París, Texas, fallecido hace menos de dos meses, en ese documental, “es uno de esos actores que sabe que su rostro es parte de la historia”. El crítico Roger Ebert escribió que solo dos actores garantizaban con su presencia que la película no fuera mala: Stanton y M. Emmet Walsh. Y lo bautizó como la regla Stanton Walsh.