La discusión de los atacantes en pleno partido por lanzar un penalti

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Los partidos del PSG reservan las jugadas más hermosas que puede ver un aficionado al fútbol. También deparan escenas descarnadas de egolatría y mezquindad. Lo mejor y lo peor parecen la consecuencia de comprar de una tacada por 400 millones de euros a los dos futbolistas más brillantes surgidos en el último lustro, prometerles un liderazgo trascendental, y mezclarlos con una plantilla de estrellas consolidadas que se han ganado el derecho a sentirse importantes en el club.

El domingo en el Parque de los Príncipes, frente al Olympique de Lyón, con motivo del lanzamiento de un penalti, el público fue testigo de una colisión de personalidades ansiosas por destacar: Neymar y Cavani, compañeros de línea, litigando por el balón y por la estadística individual. Un episodio bochornoso que ensombreció el triunfo del club parisino (2-0) y que insinúa algo parecido a un desequilibrio ecológico. La clase de alteración capaz de destruir a los equipos más fuertes. El diario deportivo francés por excelencia, L’Equipe, abrió su edición de este lunes con un titular de alarma: Un éxito demasiado caro. Y este martes relata que el enfrentamiento continuó en el vestuario, donde varios compañeros tuvieron que separarlos para evitar que llegaran a las mano.

“Puede que haya algo artificial en el modo en que se ha construido este PSG”, reflexiona Vicente del Bosque; “pero las tensiones que se generan allí no son muy diferentes de las que te puedes encontrar en el vestuario del Linares o de cualquier equipo de regional. La solución es muy sencilla y todos los jugadores la saben: nunca van a triunfar individualmente si el equipo no funciona”.

“La tarea del entrenador es convencer a los futbolistas”, concluye el técnico. “Son importantes las pequeñas decisiones que vas tomando cada día. Pueden ser decisiones pequeñísimas pero tienen trascendencia y debes procurar ser justo en los detalles. El entrenador es el primer responsable de que los jugadores superen el egoísmo. Pero necesitas su colaboración. Si no entienden que en el fútbol debes ser un poco generoso, ya se lo puedes dar por escrito que no tiene solución. Si son unos insoportables y unos ególatras y no hay dios que los… ¡eso mal arreglo tiene!. Yo he tenido suerte con mis jugadores porque, en líneas generales, han sido tolerantes y majos. Los futbolistas profesionales suelen madurar mucho en temas de convivencia”.

Los directores técnicos de media Europa lo tienen como un caso de estudio. Del Bosque es una de las primeras autoridades mundiales en eso que la nueva ciencia del management denomina gestión de egos. Pocos entrenadores en la historia del fútbol sobrellevaron con más tacto la experiencia extrema que supone para un equipo el fichaje de super estrellas que batían récords de tasación en el mercado y arrastraban un peso mediático que rivalizaba con la solidez de la institución que los acogía. El Madrid de los galácticos, dirigido con gran éxito por Del Bosque entre 2000 y 2003, es, en muchos aspectos, precursor de este PSG, fabricado desde 2013 a fuerza de inyecciones de liquidez del fondo soberano de Catar.